viernes, 16 de diciembre de 2016

Cuatro


Quién me iba a decir que una nueva maternidad ocuparía mi vida. Para volver a gestar, parir, amamantar, criar y reconocerme una vez más, recomponerme, reinventarme. Saborear de nuevo el puerperio, esta vez dulce, sanador y maravilloso.


Parece que ha sido un instante, pero hace cuatro años que te tengo, bebé-luz, bebé amado. No puedo decirte, hijo mío, lo que significas en mi vida. Todas las cosas buenas que has traído con tu existencia. Cómo has puesto cada cosa en su sitio, cómo nos has dado un chute de felicidad, de serenidad, de buen rollo, de tanto amor.

Las lecciones que aprendí contigo en ese embarazo inesperado y duro... todas las puertas que abriste en mi mente y que quedan por abrir. Tu nacimiento gozoso y acompañado por quienes te amamos, aquel día en el que no te esperaba nadie.

Quiero contarte pequeño, que ya había olvidado la idea de la maternidad y entonces, llegaste. Tu llegada al mundo fue una sorpresa. Y que fue la oportunidad perfecta para comprobar lo diferente que puede ser todo cuando cuentas con apoyo. Apoyo de la familia, apoyo del mundo.

Estuve cuidada, mimada y protegida por muchas amigas-hadas que no dejaron de ofrecerme aquello con lo que contaban. Me rescataron muchas veces del infierno que suponen mis embarazos. Me abrazaron, me consolaron, rieron conmigo. Buscaron entre sus tesoros, los más bonitos, para que al nacer no te faltara de nada. Y así, comandadas por tu hermana mayor siempre pendiente del detalle, me hicieron la más grande de las fiestas jamás soñadas...

Hoy es un día de darle las gracias a esas mujeres y a todas aquellas que me han regalado tanto en los últimos once años ofreciendo sus historias. Esos testimonios y ese amor me permitieron parirte en el parto libre que todas merecemos.

Hoy es un día de dar gracias también a tus hermanas. Por lo que han dejado a su paso desde sus nacimientos, tan distintos y tan removedores en mi vida. A Valeria,  que me convirtió en madre en aquel parto tan placentero. A Sofía, precursora del terremoto que lo cambió todo.

Cuatro. Te veo pequeño todavía y puedo mirar a través de mis otras maternidades el largo camino que nos queda recorrer juntos. Tal largo y tan corto el andar. Que se escapa en un abrir y cerrar de ojos pero parece que no acaba nunca.
Porque no queda ya casi ningún rastro de mi bebito... has crecido y te has convertido en un niño. Saltas y juegas, hablas y parloteas... no conoces el peligro y allí estoy yo, cerrando cada ventana; vigilando cerca pero lejos, tus pasos... cual ángel guardián perenne que somos las madres. Estás aquí, llenando todo de luz, de risas. Llenando mi vida de últimas veces, como dice mi amiga Bei.

Brindo por estos cuatro años y ese volver a empezar que me has regalado. ¡¡Menudo regalo!! Lo estoy saboreando tranquilamente... cada momento, disfrutando lentamente del instante.  Porque con tu nacimiento por fin pude entender qué es lo que en realidad importa de la vida.
Porque ahora sé que no eres mío y que es un privilegio cuidarte y verte crecer. Porque has supuesto una oportunidad y me he cogido a ella con toda el alma.

Feliz cumpleaños mi vida.

Te quiero.

Mamá.


Imagen protegida sin derecho de reproducción



viernes, 25 de noviembre de 2016

Violencias

El otro día leía indignada una noticia en la que se hablaba de que todas las mujeres nacemos con una "hernia fisiológica" llamada vagina. Esta concepción de "mujer con fallas de fábrica" es la que nos pone en el punto de mira para ser "curadas" tan pronto sea posible de nuestros procesos fisiológicos. Más abajo, al final del post, ofrezco algunos ejemplos de lo mismo pero en otras épocas. No hemos avanzado mucho. 
¿Qué sucede?  Si se remite a la noticia, la imagen que la ilustra muestra a tres señores en escena y otro que seguramente sea el moderador. No hay mujeres en palestra. Y no es casualidad. Poco tenemos que decir sobre nuestros propios cuerpos.  

No es algo único. La publicidad, los medios y en general la sociedad observa los procesos femeninos con asco y en secreto. La menstruación sigue siendo tabú incluso en las nuevas generaciones. Solo hace falta entrar en cualquier foro en el que se esté hablando de ello. Es decir "copa menstrual" por ejemplo... y un montón de insultos aparecen sin más. Ni qué decir de las imágenes que acompañan... sangre azul que seguramente no tengan ni las señoras en la Casa Real. 

El embarazo y el parto no son en absoluto la excepción. Al revés. Cual si fuéramos globos a punto de estallar, el efecto nocebo nos persigue allá donde vamos. No comas esto, no engordes, engorda, hazte el masaje perineal o te hacen la episiotomía. Llegamos al parto vendidas desde la infancia. Porque la violencia contra las mujeres no solo se reduce al daño físico o al psicológico, sino al hecho de someter, victimizar, discriminar, apartar, menospreciar a las mujeres y lo femenino solo por serlo. Y eso, lastimosamente nos ocurre desde que somos bebés. Desde que nacemos -o incluso antes- estamos marcadas para "la debilidad" y "la sumisión". 

Violencias. Porque las violencias que se ejercen contra las mujeres son tantas y en tantos contextos, que las hemos normalizado. 

En este sentido, la violencia obstétrica, invisible y aceptada, no es más que una consecuencia natural de las miles de violencias a las cuales nos someten desde la cuna. No es más que el paso siguiente en la apropiación de nuestros cuerpos. En la patologización de nuestra biología. En la sumisión de lo femenino. 

La "lucha contra la violencia obstétrica" no se ganará en paritorios mientras existan otras violencias imperceptibles campando a sus anchas. Cuando las generaciones venideras consideren que la igualdad en la diferencia es posible, cuando criemos a nuestras hijas e hijos en verdadera corresponsabilidad y dejemos de darle continuidad a los patrones de género que tanto daño hacen... cuando dejemos de tener miedo al salir a la calle, quiero creer que a lo mejor la siguiente generación, las hijas de mis hijas, tengan esa suerte y recuerden con estupor aquellos tiempos en los que se arrancaba a las mujeres de sus casas para llevarlas a parir. 

Mientras tanto, permitidme que hoy 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, me sienta impotente ante todo lo que queda por hacer. 



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...........................(Extracto de "Violencia Obstétrica, la que no se dice, la que no se ve". Claudia Pariente. Noviembre de 2011. Escuela Nacional de Sanidad.) 

¿Pero de qué tipos de violencia hablamos? Cuando se habla de violencia los primeros pensamientos que ocupan nuestra mente se refieren a la violencia física y explícita o a la violencia dentro de la familia sea física o psicológica. Pero es mucho más amplia y llega aún a más espacios: se trata de una violencia estructural cuyo último fin es el de mantener la subordinación femenina al poder hegemónico patriarcal. 

La Organización de Naciones Unidas reconoce este concepto y lo define en el primer artículo de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993. A los efectos de la presente Declaración, por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.  
En los hechos, la violencia contra las mujeres está instalada en nuestra sociedad de forma mucho más sutil e imperceptible y se cuela en todas las ramas del saber humano.  

Una de esas ramas es sin duda la profesión médica. Desde el poder que la medicina da a quienes la ejercen sin la suficiente vocación para hacer de su oficio un servicio, se han medicalizado todos los procesos fisiológicos propios de la mujer, sometiéndola a todo tipo de tratamientos y procedimientos que no sólo suponen un riesgo para su salud, sino que también le atribuyen los atributos de “débil” y “enferma” a lo largo de su vida; la mujer sólo tiene una oportunidad: dejar en manos de sus salvadores su vida sexual, afectiva, física y psicológica.   

Tal vez por ello, a lo largo de la historia, podemos encontrar multitud de afirmaciones  en las que desde la medicina se observa a la mujer como objeto pasivo, se le priva de libertad de acción y se le limita en su decisión.  

Veamos algunos ejemplos:  

1869 – Dr. Diriz  
“Se habla para las mujeres de dolencias del estómago, del hígado, de riñones, el corazón, etc.; sin embargo, en la mayoría de los casos si se investiga a fondo, se descubrirá que estas enfermedades no son tales, sino reacciones reflejas o los síntomas de una sola enfermedad, concretamente de la matriz”.  

Para curar estas dolencias, se aplicaban entonces sanguijuelas en los labios vulvares, pechos o incluso cuello del útero; o se provocaba la llamada “contrairritación”, que consistía en provocar llagas en inglés y muslos de la mujer enferma.  
Entre 1860 y 1890 se realizaron miles de intervenciones, extirpando ovarios con carácter preventivo a “aquellas mujeres con carácter díscolo, con excesiva afición a la comida o las inclinaciones eróticas”. 

1970 - Tratado de ginecología de Santiago Dexeus 

“Este síndrome (hablando de la tensión premenstrual) tiene un aspecto social que obliga a formular diagnósticos. En las mujeres jóvenes existe una mayor predisposición a la delincuencia y alteraciones de conducta. En las casadas se altera la paz familiar y aparecen trastornos en el área sexual y a veces una tendencia impulsiva a la violencia y al crimen” 

Sin lugar a dudas, la especialidad desde la que se cometen más atentados contra estos derechos femeninos, es la obstetricia. Por ser un periodo especialmente vulnerable  y delicado, las mujeres están más expuestas a este tipo de violencia; una violencia que se calla y admite.  

...........................(Extracto de "Violencia Obstétrica, la que no se dice, la que no se ve". Claudia Pariente. Noviembre de 2011. Escuela Nacional de Sanidad.) 





jueves, 17 de noviembre de 2016

Grupos de Madres de Entre Mamás


Con frecuencia me preguntan sobre #gruposdemadres en otros sitios o me piden que abramos alguno cerca de sus barrios. Me encantaría (y en ello estamos) tener grupos #Entremamás en muchos sitios. Es un objetivo de esta gestión el ofrecer apoyo y acompañamiento en otros distritos y zonas de Madrid (y en algún momento, también fuera de la Comunidad.) Empezamos con buen pie, abriendo el primero en el Distrito de Barajas. Barrios con mucha población joven y familias recién instaladas, niños y niñas de menos de 3 años y muchas embarazadas. Para llevar los grupos y proponer otras actividades dentro de la filosofía que caracteriza a Entre Mamás contaremos con la colaboración de doulas EM. En Barajas propiamente, estará Esther Jiménez.
Esther es psicóloga, Experta Universitaria en Inserción Social: Servicios Sociales Comunitarios y Economía Social. Formadora, Orientadora Laboral y Técnica de empleo con más de 15 años de experiencia, se formó como doula en nuestra casa y llevará la coordinación de Entre Mamás en Barajas. Es madre de dos hijos.
Nuestros grupos de apoyo son la columna vertebral de este proyecto. Y la intención es repetir la experiencia Entre Mamás en otros lugares. Ofrecer un espacio de contención, de información basada en evidencia científica, de acompañamiento sin juicios. Un sitio abierto a todas las madres.
Los grupos de madres son una cuestión de salud pública. Sirven para muchas cosas: para crear redes, ayudarnos unas a otras, echar unas risas, llorar un poco si lo necesitamos. Salvan vidas.
Nos queda camino para estar en todos los lugares en los que nos gustaría. Y ojalá existiesen muchos grupos, en muchos sitios. Por eso os animo a que os reunáis. A que le toquéis la puerta a la vecina, esa que está recién parida, o la que tiene niños pequeños de la edad de los tuyos. Bajad a los parques y haced piña.

¡No hace falta ser multitud! Dos madres son un grupo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Tus hijos no son tus hijos...


Cuando era pequeña y mis padres tenían la consulta en casa, yo me ocupaba de leer todos los carteles que tenían en las paredes. Uno de ellos lo tenía aprendido casi como un rezo. "Tus hijos no son tus hijos...son los hijos de la vida". No entendía esas frases pero resonaron en mi cerebro desde entonces. Me parecían bonitas y ya está. 

21 años después del nacimiento de mi primera hija, entiendo por fin la magnitud de estas palabras. Duelen como espadas. ¿Dónde se ha ido la vida, el tiempo...? ¿Por qué no fui capaz de dar más amor, más abrazos...¿ Por qué no fui capaz de hacerme absolutamente merecedora de su confianza? ¿Por qué soñé tanto con momentos y estampas que nunca llegaron...que idealicé sin pensar que esa niña no era, no soy yo? 

Mi hija es una adulta ya. Con una historia propia. Siento que no puedo alcanzarla. Ella decide su vida. Tiene sus propios deseos. Sus propios pensamientos (que rara vez coinciden con los míos). Es una mujer sana, hermosa, inteligente y con unos valores inquebrantables. Y no... no me siento responsable de esto. Al revés. Me asombra que a pesar de MÍ sea la mujer que es. 

Anoche lloré en los brazos de mi amiga esta certeza. Solo alguien que tiene hijos de esta edad podrá comprender cómo me siento... Ya no hay nada que pueda hacer si no se hizo. Los años no vuelven.

Hija. Te me has escapado como arena entre los dedos. Por fin he entendido que no me perteneces. Que nunca me perteneciste. Que ese espejismo de tener hijos es solo eso: fantasía


Tus hijos no son tus hijos            
Son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.


Kahlil Gibran

miércoles, 3 de agosto de 2016

Mi Santo


La primera vez que escuché decir “mi santo” para referirse  a la pareja de una, me pareció una exageración. Era una amiga centroamericana que hablaba sin parar y a mil por hora. Sus relatos, con su santo de protagonista, me parecían divertidos e histriónicos.

Años después, cuando la vida me dejó toparme con el mío, sentí que el sobrenombre le iba como anillo al dedo… me lo callé porque pensé que era el enamoramiento que me cegaba y que pronto “la realidad” saldría a la luz y sería un hombre normalito, como tantos con los que me había cruzado. Pero ahora,  incluso son mis amigas las que se refieren a él de esa forma. “Es que es un santo”. Y yo les digo medio en broma (aunque me lo estoy pensando), que si de verdad lo piensan, voy a ponerle un altar en la casa nueva con una hucha para las dádivas. Nos vamos a forrar.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, escucho de fondo el sonido de las risas –y peleas- de mis hijos jugando en el jardín y el taladro con el que mi chico le está dando forma a mis ideas.  Él es así.
Bajo a verle y ahí está, ya que pinta, que pica, que mide… ¿Amor, esto te gusta así? ¿Y si ponemos un cristal para que deje pasar la luz?  (Nunca me llama por mi nombre, de tal forma que cuando me dice “Claudia” me suena a que no me llamo así).  Y yo, cual experta en el tema debato y decido los cambios. Pero en realidad no sé nada, solo he bajado a verle. Como si tuviera quince años.

Van pasando los años y me es inevitable sentirme cada día más enamorada, sentir cada día más admiración y respeto por él. Por el ser humano increíble que es, por cada uno de los “te quieros” que me deja desparramados por la casa con sus acciones, como levantarse sin hacer ruido nunca y vestirse en la ducha para no despertarme, o salir de la cama a las 7 de la mañana un día de vacaciones, como hoy, para adelantar la obra en la que le he metido, una vez más.

Él, sinónimo de abnegación y templanza. Es reservado, tranquilo, paciente…  el complemento perfecto para quien, como yo, no tiene esas virtudes.  Y al mismo tiempo, igual de apasionado, práctico, terrenal y simple que yo.  ¡Y nos peleamos! ¡Por supuesto!  A diario también. Pero nuestras broncas son tan domésticas y claras que es muy sencillo olvidarlas. Nos vamos a la cama siempre en paz, en un pacto no formulado nunca, y dormimos como cucharas aunque estemos a 39 grados.

El otro día mientras íbamos en coche, le leí un artículo de El País sobre las bases del amor. Era un artículo simple pero con el que estuvimos ambos de acuerdo y debatimos lárgamente. Aunque el amor es mucho más complejo, estoy absolutamente convencida de que el respeto y la admiración debe ser mutua para seguir construyendo y encontrando en el otro la chispa (todas las chispas). Y yo me siento profundamente amada.

No cuento todo esto por ñoña. Es que hace dos días llamó mi suegra. Es una mujer pequeñita y morena, que como él, no hace ruido.  Aunque ya está jubilada, dedicó su vida a formar grupos de mujeres, a liderar espacios para madres (llamados allí “clubes de madres”), premiada hace unos años por su trabajo en ese campo como concejala. Matrona,  madre de cuatro de los que tres nacieron en su casa, ha tenido una vida muy activa en torno la participación de las mujeres en su comunidad.  De esa madre, este hijo. Y de su padre. Hombre amable y educadísimo que no solo apoyó a mi suegra en cuanto proyecto ideó, sino que fue por sí mismo gran autodidacta, líder en su pueblo y muy reconocido y querido por todos.

Hablé con ella unos minutos, recordando a mi queridísimo suegro que murió hace 6 años en estas fechas. Le contaba cómo, al despedirnos antes de subir al avión, me dijo: “Cuida de H. Te estás llevando al mejor de mis hijos”.  

Y ella contestó: Sí… mi hijo es extraordinario.


Señora. Solo quería contestarle como el asunto merecía.  Creo que se ha quedado usted corta.  
Pero como mínimo, extraordinario. Sí. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Los pobres de la lactancia - LACTA21

La última semana de junio tuve la oportunidad de asistir como ponente al Congreso Lacta21. Allí se reunieron profesionales sanitarios y otra gente interesada en torno al tema tetil. Aquí un listado de los ponentes.

No voy a contar nada sobre las grandes conferencias que escuché, las propuestas y resúmenes del trabajo maravilloso que hacen muchos sanitarios cada uno en su parcela: pediatras, matronas, especialistas en ginecología, profesionales de la enfermería...  Escuché con mucho interés sus intervenciones. Se ha hablado de ello en otros blogs.

Un encuentro al que asistieron también IBCLC's, asesoras de lactancia, doulas que ya conocía y madres involucradas. Pocos o casi ningún hombre fuera de algún ponente y algún acompañante; hecho del que saco mi primera conclusión: La lactancia es solo de mujeres.  Solo esto ya es un dato... se sabe que a lo femenino se le da menos valor... Pero además, no todas las madres dan teta. Así que rectifico: La lactancia es solo de ALGUNAS mujeres.   No somos pues, un target goloso. Cuatro gatas.




Lo que quiero contar tiene que ver con otra cosa. Os quiero contar que en este congreso no solo no nos pagaron un duro por asistir (nos pagaron el billete y el hotel, en un polígono industrial muy lejos del lugar del congreso) sino que todos nos pagamos las comidas y el transporte diario del hotel al Palacio Baluarte. 

La primera noche, ya a las 23:00 hrs y sentada junto al gran Dr. Paricio y otras eminencias como Ricardo García de León (Jefe de servicio en Yecla) y del mundo del parto normal como Isabel Espiga, o Charo Quintana se nos ocurrió pedir algo para meternos a la tripa. No había nada... 
Ante nuestra insistencia nos prepararon un triste bocadillo de pan helado con jamón y queso. El Dr. Paricio reía divertido por lo cómico de la situación. Donde estábamos... y nuestra cena de lujo. "¿¿Qué pasa que no estamos en un hotel de cinco estrellas??" La razón la sabíamos todos: No hay marcas detrás de un congreso de lactancia.

Quien quiera que lea esto, por favor que no lo tome como una queja. Fue un orgullo sentarme en esa mesa y compartir ese pan. Ver con mis propios ojos a estos profesionales regalar su tiempo, sus conocimientos para que otros aprendan y sentirse felices de estar allí. ¡¡Qué gente increíble!! ¡¡Qué maravilla de personas!! NO TIENEN PRECIO. Literal. 

La lactancia no se compra. Esta es la clase de profesionales que las madres queremos. Esta es la gente que hace grande su profesión. Sencilla y ética. 

En este Congreso nos dieron agua del grifo (deliciosa, por cierto). No nos regalaron carpetas lujosas ni bolsas serigra-feadas con conocidas marcas. No nos dieron un pendrive con las ponencias de nadie. No había grandes stands regalando nada. 

Pero además, a este congreso asistimos los de siempre. Nos vemos la cara cada año; en cada lugar en el que se habla del tema. Nos saludamos a fuerza de encontrarnos en todos los sitios. Nos vamos poniendo cara porque somos siempre los mismos. Una veces de ponentes otras veces como inscritos. 

Cuento todo esto porque hoy empieza la Semana Mundial de la Lactancia Materna y ha coincidido con una noticia de vergüenza, pero que para nada nos causa sorpresa: 



¿Raro? Para nada. Ya en su momento hablé de este tema aquí, "fair play en pediatría" y aquí: "Por qué falla la lactancia"  en distintos años y momentos de mi vida. 

Y creo que nada cambiará. Somos nosotras, las madres, las que tenemos que hacer evidente y denunciar estas prácticas. Nadie más lo hará.  Que esto es un problema de salud pública y corrupción muy gordo. Que mientras se sigan aceptando regalitos y patrocinios, no estamos dejando la salud de nuestros hijos en las manos de estos profesionales, sino en las de las marcas a las que se han vendido. 

Aquí dejo un vídeo público con imágenes del último congreso de pediatría. No se parece en nada al que os contaba líneas arriba. Cuente usted cuántas marcas encuentra. Luego, vomite. 


#lactanciaXdinero 




lunes, 20 de junio de 2016

¿Infórmate y decide?

Ella llora. Él sonríe y le dice que no será nada.
Ella está desnuda, se siente frágil y vulnerable.
Él mete la mano en su vagina a pesar de que ella le pide que no lo haga.
Él no la escucha. Sigue su ritmo mientras ella grita. Le duele.
Ella le exige que no la toque, que la deje en paz. Que saque la mano de su vagina. Se lo suplica.
El no la escucha y le ordena que se calle.
Luego viene otro y hace lo mismo. Y otro...
Terminan. La dejan sola. Llora.
No es una violación. Está de parto.
¿No es una violación?
(fragmento de "la que no se ve" - C. Pariente) 

Escribí este texto para la defensa de mi TF en la Escuela Nacional de Sanidad. Aunque todas las personas inscritas en el curso tenían un trabajo relacionado con temas de género, prácticamente nadie había escuchado hablar del término Violencia Obstétrica... Y esto, tristemente es lo habitual. 
Porque estamos, sin lugar a dudas, ante una de las formas de violencia contra las mujeres socialmente más aceptada, invisible y demoledora. El atentado a nuestra sexualidad desde lo institucional. Se hace urgente introducir el concepto en lo general y tipificarla como una forma más de violencia contra nuestro género.
Hace muchos años que tengo la certeza de que la información, estar muy informada y decidida respecto del parto que deseas, no es en absoluto garantía de nada. Tuve que ser yo misma víctima en el mío, para entender en mi propia piel, que por mucha información que una tenga, no hay nada que hacer si el personal que atiende el parto piensa que "el parto es suyo". Que "hace partos". 
De hecho, la experiencia y estos años en el activismo por una mejor asistencia en el parto y nacimiento, me ha demostrado que casi es peor estar "muy informada"... Que hay hospitales en los que es mejor no presentar un plan de parto para que no se la tomen contigo. Que a las que vamos de listas nos ven venir... 
Que el encarnizamiento existe. Que no es un invento de unas cuantas locas. Que conozco de primera fuente a mujeres que comenzaron un parto en casa y fueron trasladadas a un hospital... y que se ensañaron con ellas. Sí, ENSAÑAR: Dice la RAE, "Deleitarse en causar el mayor daño y dolor posibles a quien ya no está en condiciones de defenderse". Las devolvieron rotas de cuerpo y de alma... les dieron un escarmiento para que tengan claro quién manda. 
Recuerdo a mi propia matrona,de nombre María José en la Clínica Santa Elena, leer mi historia clínica y reírse burlona: ""Así que eres de las que no quiere epidural?? ya verás como la pides!!" 
Estas cosas no pasan en países lejanos. Pasan aquí, cada día. 
Hace unos días (y mientras escribo esto tengo lágrimas en los ojos), una mujer se informó y decidió que no quería una inducción. Que, en caso de necesitarse, aceptaría una cesárea de urgencia. La ley de autonomía del paciente le amparaba. Tenía información suficiente... pero alguien decidió que aquella insumisa no podía desafiar la autoridad y decidió darle una lección. A esta mujer la sacaron de su casa con una orden judicial, como si fuera una delincuente, con policías. A parir. A parir por la fuerza y porque lo digo yo... 

Esto crea un precedente tan funesto que no me explico cómo no es noticia nacional y cómo no están las asociaciones feministas a pie de guerra. El mensaje es claro y es para todas: Ni nosotras ni nuestras hijas somos libres. Nuestros cuerpos no nos pertenecen... y mucho cuidado con ir de listas que nos vamos a enterar...  
Querida hermana. Lloro contigo y te abrazo. Ojalá este mensaje te llegue. Entiendo que en este momento no quieras saber nada de nada... que sientas que quieres olvidar esta pesadilla. Me imagino la escena y no puedo más que indignarme. Quisiera poder hacer algo y que todas podamos gritar contigo ante esta injusticia. Esto que te han hecho, inadmisible, bochornoso, falto de toda ética y casi me atrevería a decir, ilegal, no te lo han hecho solo a ti. Nos lo han hecho a todas. 
Es una violación. 



viernes, 10 de junio de 2016

Otro cuarenta de mayo y de dónde vengo…



Me encantan los cumples y especialmente el mío. Es la oportunidad perfecta para brindar por existir. Estar viva es de por sí un regalo…  Antes no pensaba tanto esas cosas, pero de repente un día me entró lo que yo llamo “la conciencia de lo efímero de la vida” y me di cuenta de lo afortunada que me siento. Me di cuenta de lo feliz que soy y de lo poco que me hace falta para encontrar tranquilidad. Hoy, que cumplo años otra vez, siento la necesidad de agradecer a quienes han hecho posible que yo esté aquí: mis padres.


Nací en la Clínica de la Concepción (Jiménez Díaz ahora) y aunque mi madre me contó siempre que fue maravilloso, yo tardé 29 años en darme cuenta de que fue un parto al uso. No puedo imaginarme aquel posparto… veinteañeros y solos, en un país lejano al suyo en una recién inaugurada transición democrática.  Seguramente fueron tiempos difíciles, pero ellos siempre hablan de esa época con cariño y cuentan recuerdos bonitos.  


Mi padre hacía allí la residencia en ginecología. Hace unos días fue a dar una vuelta por su antiguo hospital y me contó cuánta nostalgia había sentido.  Mi madre trabajaba en el mismo sitio como enfermera. Se conocieron dos años antes, en Bolivia, dentro de un quirófano; con mi padre ayudando al cirujano y mi madre instrumentando. Mi padre alguna vez ha comentado como se perdió en aquellos hermosos ojos detrás del barbijo. Se enamoraron y cruzaron hasta el otro lado del mundo por amor.

Me crié escuchando a mis padres hablar de estos temas: partos, niños, mujeres... nacimientos y muertes tempranas. Y hojeando una y mil veces la biblioteca de casa: “parto sin temor”, “sofrología”, “método Montessori”…. (en su momento, uno de los sueños de mi madre fue poner un espacio Montessori). Me encantaba leer y devoraba todo lo que encontraba sin importar lo que fuera. Mis padres nunca guardaron sus libros de medicina fuera de nuestro alcance así que yo leía cuentos de hadas y el atlas de dermatología con el mismo interés.

Tenían la consulta y un centro de lo que antes se llamaba “educación maternal” en nuestra casa.  Y yo escuchaba muy atenta todas las cosas que ellos contaban. Me escondía detrás de una cortina y veía las diapositivas de las clases, alucinada… Y los pospartos! Pequeñísimos recién nacidos entraban y salían junto a sus madres guapas. Yo las veía tan hermosas a todas que con once años tuve claro por primera vez, cómo quería parir. Hablaba de estos temas con mi madre como la cosa más normal del mundo.

Las embarazadas tenían tanta confianza en mis padres que más de una vez llegaron a mi casa (en pleno trabajo de parto) en vez de irse al hospital. Una vez se armó un gran revuelo porque llegó una madre casi en completa… hubiera sido precioso que naciese allí. Eran las seis de la mañana y creo que nadie se dio cuenta de que los niños estábamos presentes siendo testigos de todo.

Mi madre es de espíritu inquieto y amante de las cosas bonitas. A punto de jubilarse, todavía se inscribe en cuanto curso puede para seguir aprendiendo. Se formó como enfermera y llegó a ser jefa de enfermeras en su hospital. Años después sintió que también quería estudiar medicina y con tres hijos y más de 30 años, se puso a ello.  Con un par. Recuerdo con especial cariño a mi madre maquillarse mientras yo leía en voz alta sus libros de medicina. Era su forma de repasar lo aprendido y estudiar para los exámenes. De alguna forma, yo también aprendía.

La carrera de mi madre en el campo de la salud ha sido muy fructífera. Entre otras cosas fue presidenta y fundadora de la Sociedad Boliviana de Sexología y coordinadora de hospitales en La Paz (Bolivia). Uno de los trabajos más bonitos que tuvo fue la coordinación de un proyecto para fortalecer la red de parteras de la zona.  Todo esto mientras nosotros crecíamos. Hoy ejerce en un centro de salud atendiendo la consulta de pediatría.

Mi padre, gran médico y seguramente uno de los mejores clínicos que conozco, siempre respondió a mis preguntas con absoluta sinceridad y ciencia. Recuerdo exactamente el día que le pregunté qué era la menstruación. Estábamos de paseo y yo tenía unos 10 años. Me explicó perfectamente cómo funcionaba mi cuerpo y qué pasaría en unos años. Me pareció lo más normal del mundo y desde entonces esperé con impaciencia ese milagro. Siempre he podido hablar con él de todo y aún ahora le consulto casos y cosas del mundo madre.
En sus años en Bolivia, fue catedrático en la universidad muchos años y llegó a ser Decano. Por este motivo, la medicina, la salud y especialmente la fisiología humana era un tema recurrente en casa.

Nunca fuimos especialmente “ricos”. Ahora entiendo el por qué y me siento muy orgullosa de ello. Jamás mi padre programó un parto por necesidad personal o capricho suyo, así que atendía los partos que humanamente se podía atender y esperaba pacientemente a que las cosas se dieran solas.  Pasamos alguna Noche Buena con él cenando a toda prisa porque llegaba un bebé.

Ofrecían una preparación al parto muy novedosa entonces: “parto sin temor” se llamaba. Se habían formado con Álvaro Aguirre de Cárcer en sofrología y psicoprofilaxis obstétrica, que entonces no sabía yo que era. A mí todo me parecía “lo normal”.  Por eso, cuando me quedé embarazada con 18 años, mi idea de parto era esta.  Mis padres apoyaron ese embarazo, parto y posparto y me ofrecieron todos sus conocimientos y amor. Tuve un parto maravilloso.

De alguna forma todo esto ha marcado mi vida. Todo lo que soy se lo debo a ellos. Ponen su fe en mí una y otra vez. He heredado el amor por lo femenino, la maternidad y la infancia porque lo he mamado a diario. Si de algo estoy agradecida es de poder compartir con ellos las jornadas, de que vean crecer a mis hijos, de tenerlos tan cerca y tan sanos.

*******
Hoy es mi cumple. No tengo nada pero lo tengo todo. Y no puedo sino dar las gracias. Por esta media vida tan intensa que parece que he vivido dos veces. Por el sonido de las risas y los llantos de mis hijos, por tener a quien acurrucarme por la noche, por la salud de todos, por la familia junta, por mis padres y hermanos, por los sueños que tenemos, porque encontramos la felicidad en las cosas más sencillas. Me siento bendecida y plena. 
¡Brindo por ello!
¡Salud!


lunes, 6 de junio de 2016

Soy una radical...

Una mujer, por querer, puede querer lo que le de la gana. 
En cambio, el sanitario está obligado a conocer y ofrecer la mejor praxis posible. ¿Son estas dos cosas compatibles? 

A raíz de una pregunta que me hizo mi amiga Candy, me declaro formalmente RADICAL. 



Pregunta: 

Tú que eres una gran activista por la mejora de la atención al parto y defensora de la lactancia materna ¿Notas que haya habido una mejora sustancial en los últimos tiempos en estos ámbitos? ¿Hay más mujeres que quieran disfrutar de un parto sin intervenciones y de dar el pecho a sus bebés? ¿Está realmente mejorando la atención sanitaria?

Creo que son dos cosas diferentes. Yo me considero una activista y una radical del acompañamiento. No soy quien para decidir lo que para cada mujer-bebé sea mejor. Voy allí donde la mujer quiera ir. Incluso si quiere no dar la teta o desea una cesárea programada.

No fue siempre así. Yo antes pensaba que informarse lo era todo. Que tener un buen parto dependía de la información que tenías y cuán poderosa te sentías. Que ninguna lactancia podía frustrarse si tenías a mano los “recursos correctos”, la información “correcta”. Pero recibí una lección de humildad en mis carnes y hoy puedo decir que no existe “lo correcto” por sí mismo. Y que detrás de una frase como “no voy a dar la teta” o “a mí que me duerman” pueden existir miles de cosas y no es mi tarea juzgarlas. No creo en opciones. Creo en contextos.

¿Es la información una garantía de no sufrir maltrato en el parto? Absolutamente NO. En estos años he aprendido que nada es blanco o negro. Y una mujer puede informarse o no y sigue teniendo derecho a un parto digno y una maternidad feliz. No es posible que tengamos que hacer un máster en partos para conseguir lo aceptable, lo que debería ser la atención normal en cualquier paritorio. Y hacerlo, no nos garantiza nada tampoco. 

En cambio, a lo que la atención sanitaria se refiere, soy inflexible y drástica. El personal de salud tiene la OBLIGACIÓN de estar actualizado. Solo hay dos formas de atender un parto: bien y mal.  Si se atiende a las mujeres con la ciencia en la mano, con más facilidad se verán buenos resultados. Si, por el contrario, se atiende con creencia, sin actualizarse, se desinforma, se acomodan los horarios y las circunstancias a lo que se crea/considere mejor según si es viernes o festivo… seguiremos teniendo los números que tenemos en cuanto a calidad asistencial en parto y posparto. 

No considero que exista mala fe por parte del sanitario (soy hija de ginecólogo y pediatra… no tiraré piedras en ese tejado),  lo que creo que pasa es que se ha perdido la fe en la madre y el niño. Que se han aprendido tantas formas de “curar” lo que pueda pasar, que se olvida lo esencial del proceso. Y claro que hay que intervenir cuando sea necesario. Para salvar vidas, no para ponerlas en riesgo.


Cuando hablo de una buena atención, no me refiero solo a partos normales sino, y especialmente, a partos en los que se necesite intervención. Son esos casos en los que se necesita incluso una mayor empatía, un mayor cuidado de la diada. No solo queremos partos educados. Queremos partos libres, respetuosos. Incluso en una cesárea, todo puede cambiar si se cambia de modelo. No hace falta tener la última moda en infraestructura. Es solo cuestión de integrar que se atiende a personas.

En cuanto a la lactancia, aunque es verdad que en estos tiempos se está trabajando para cambiar los modelos de atención, realmente se ofrece poco apoyo ante las dificultades. Se aplaude y pone de ejemplo a la madre que da el pecho (un acto casi milagroso, teniendo en cuenta la escasa o nula formación de lactancia en la mayoría de profesionales) y se presiona a la que tiene problemas para que dé la teta porque es “lo mejor”. Pero no se le aporta ayuda, ni se hace seguimiento, ni se va a su casa a ver cómo se maneja, si hay algo que mejorar, si necesita ayuda logística, qué tipo de entorno familiar/social tiene, si tiene acceso a información fiable, ni se le apoya en su posparto de ninguna manera.

La mayoría de las lactancias frustradas tienen que ver con ese abandono y la falta de criterio de quienes las atienden en los CAPS. Formación deficiente y de “visitador médico”…  A Entre Mamás llegan madres que al mínimo dolor les han recetado probióticos sin observar una toma, sin verificar ningún otro dato. O incluso madres con bebés que claramente necesitan ser alimentados a cuyas madres se les ha dicho que “sigan con el pecho como hasta ahora” y la toma es deficiente y el peso del bebé es alarmante. Así que realmente creo que si vamos a hablar de lactancia y prevención en los Centros de Salud, o se toma en serio la formación profesional y se obliga a pediatras, matronas, enfermería pediátrica y ginecólogos a tener una cualificación IBCLC (consultora internacional en lactancia) o se contrata IBCLCs y que en ese terreno no entren los demás profesionales. Creo que es prioritario y urgente una consulta específica de lactancia y puericultura en todos los centros de salud.



¿Qué se necesita para disfrutar de la maternidad? 

Convertirse en madre no es la experiencia dulce y bucólica que se ve en películas y revistas. Es un camino complejo y de gran crisis vital. Nadie nos prepara para eso. Es un tornado que lo pone todo del revés y nos deja asombradas y con la emoción a flor de piel. Y claro que puede ser placentero.

Insisto en que la clave está en el apoyo que tenemos y en el que se nos debería ofrecer desde todos los ámbitos. Si fuese más fácil ser madre en lo logístico, seguro que sería más agradable la experiencia… Pero ahora, hasta salir a la calle es una odisea. La ciudad no está hecha para madres. Los bebés molestan en todos los sitios, nos callan en los autobuses, en las reuniones prohíben su entrada. Estamos recluidas a parques de bolas.

Si la sociedad entendiera que ser madre no es ser ciudadano de segunda, que cuidar de la maternidad y la infancia es cuidar el mundo en el que vivimos, si ofreciéramos más y mejores recursos para vivir la maternidad plenamente, sin renunciar a nada… si existiesen más espacios de acompañamiento, si se apoyase a las madres en sus decisiones sin presión y sin juzgar…

Eso es el cambio.


jueves, 12 de mayo de 2016

Huele a casa

Hace un tiempo, hablando con una abuelita del cole me dijo una cosa que se me quedó grabada. Cuando entras por la puerta, huele que alimenta. Aquí huele a casa.

Se refería al olor de la comida que todos los días, ofrecen a nuestros hijos en su colegio. Una comida buena y sabrosa. Si tienes suerte, puedes ver por la mañana desfilar zanoharias y verduras frescas entrar por la puerta grande. Y si quieres, puedes ver por una ventanita que da al patio a nuestra querida Juani y equipo, preparando lo que comerán los niños en el día.
Es una de las muchas cosas maravillosas que tiene el colegio. La comida deliciosa, cuidada y bien preparada. Como en casa... y a veces mejor que en casa, que más de una vez he recibido la crítica de mis pequeños gourmets porque lo que habíamos preparado nosotros no se parecía a "la comida del cole".

Huele a casa porque les ves felices. Hoy por la mañana dejé a Piojillo en su clase y escondida detrás de la pared vi como su profesora lo cogía en brazos, le daba los buenos días y un montón de besos. Y él feliz, se abrazaba a ella. "hola ratoncito pérez!" le ha dicho.

Y al pasar por el patio, vi a la profe de los más pequeños, cogiendo a otro niño que llegaba, en sus brazos, hablando con él muy cariñosa. Recuerdo particularmente una anécdota (y se pueden contar muchas) de esta profesora en particular. Cuando un niño que normalmente no dormía en su cole anterior, no tuvo problemas en este. Ningún niño es obligado a dormir, pero prácticamente todos caen redondos a la hora del descanso. Cuando la madre del niño siguió la pista de cómo lo había logrado, resultó ser que el niño dormía acariciado por la profesora, que le cogía de la mano para que no tenga miedo.

Subimos al coche rumbo a casa y el piojillo, con su lengua de 3 años, cuenta impresionado que tienen un telescopio en clase, que han visto las lunas y Neptuno. Yo he sido Mercurio, dice. Ha sido un día de astronautas.
Han mirado todos por el telescopio y me cuenta que otro niño sin querer lo ha roto. Pero que su profe ha dicho que no pasa nada, que trae "herramientas y pegamento" y pronto estará curado. ¿y no se enfada? pregunta mi padre. "no", contesta el pequeño. "no pasa nada".

Y no es casualidad. Así son los días en nuestro cole.

Lo que hace grande un cole no son sus canchas de padel, sus extraordinarias infraestructuras, su dominio de idiomas desde la tierna infancia. Lo que hace grande un colegio es su equipo. Y este en particular, tiene un gran tesoro en sus profesores. La mayoría de ellos, gente de mucha experiencia y absoluta vocación. No hay un método concreto, no hay una fórmula de perfección (ningún colegio es perfecto...) pero desde luego, cuando el mayor objetivo de su plantilla es que tu criatura sea feliz, todo lo demás está de más.

Se llega a este cole buscando esto. Quien llega hasta aquí, normalmente no se fija en esos detalles que el marketing vende. Está buscando alternativas, respuestas. Un sitio tranquilo. Que huela a casa.



 











lunes, 9 de mayo de 2016

Volver a lo esencial

Volver a lo esencial
Dicen que cada siete años termina un ciclo y empieza otro.



Falta un mes exactamente para que Entre Mamás cumpla, oficialmente, siete años.  Cuando le di vida a este proyecto no tenía en mente que se convirtiese en lo que hoy es. Mi única aspiración era reunir madres. Formar grupos de apoyo mutuo y servir de plataforma para el intercambio de experiencias, dudas y momentos “entre mamás”.  Acompañar la maternidad. No había más detrás de ello…

En mi intento de perseguir este sueño y conciliar mi vida con mi entonces pequeña Piojilla, decidí dejar el despacho en el que trabajaba, en el que estaba tan cómoda (todo hay que decirlo...) pero que no me permitía ponerle alas a mi creatividad y ser dueña de mis decisiones.

Me lancé con miedo pero con decisión a este proyecto vital, en un momento en el que “la crisis” no se veía venir. Con el tiempo el proyecto inicial se fue haciendo más complejo y trabajoso. No solo en su mantenimiento, sino en el desarrollo de cada detalle; he llegado a trabajar 20 horas diarias para que funcione tal y como se ve actualmente; sin hablar de los sacrificios de tiempo y calidad de atención a los que he sometido a mi familia.  De repente, me había enredado tanto en tantas actividades y gestiones administrativas que no tenía horas para nada más…

El 19 de marzo desperté con una noticia que me hizo parar en seco, ver desde la distancia el punto en el que me encontraba y reflexionar sobre si de verdad era esto lo que deseaba hacer. Y no. No lo es.  Sigo creyendo que la razón fundamental, el objetivo real de un sitio como Entre Mamás, es crear redes. Ofrecer apoyo y acompañamiento a las madres que lo necesiten y para ello, no necesito hacer todo lo que venía ofreciendo el espacio hasta ahora.

Por un lado, porque desde que nacimos, otros espacios y lugares similares han aparecido y la agenda de actividades para mamás se repite y satura en muchos barrios de Madrid. No deseo competir con eso… especialmente con todo el trabajo que genera y porque quien me conoce, sabe que siempre intento hacer las cosas bien y desde luego, en el marco de la ley. Es muy difícil competir con quienes ofrecen lo mismo (a veces, copiando sin pudor hasta los nombres de los talleres u ofreciendo a mis colaboradoras tentadoras ofertas) a precios más bajos –no entiendo cómo… o prefiero no saberlo- y en condiciones más que dudosas.

Pero principalmente porque me resulta incoherente predicar sobre lo importante que es estar cerca de nuestros hijos y tener un horario que no me permite ofrecerles el tiempo de calidad que deseo o estar en mi casa temprano y en muchas ocasiones tener que llegar después de las 9 de la noche.

Volver a lo esencial se hace imperativo. Filtrar todo aquello que me estaba restando energía para lo primordial en el proyecto EM  y para mis proyectos profesionales propios, que también son muchos; delegar trabajo, reducir a su antigua esencia el sueño Entre Mamás y dar impulso a aquello que considero la verdadera fuerza del proyecto. Y por supuesto, ofrecer a mi familia más y mejor tiempo compartido. Tiempo de verdad.

Así que hay cambios. Muchos. De estructura y forma. Pero especialmente la continuidad de aquello que no se ve y que de verdad creo importante:

  • ·    El acompañamiento y apoyo a la maternidad por medio de grupos de apoyo gratuitos.
  • ·     La oferta de los mismos espacios a otros colectivos de madres con situaciones complejas en barrios diferentes. Para ello, impulsar los proyectos que ya tenemos y que se coordinan desde el departamento de Intervención Social que dirige con mucho acierto mi compañera y amiga Laura Soto. Reproducir estos proyectos en diferentes zonas de la Comunidad de Madrid y España con la participación de empresas privadas y sus respectivos departamentos de RSC.
  • ·       La realización de actividades y talleres propios de Entre Mamás dentro del espacio y como meta para la siguiente gestión, reproducirlos en otros sitios de Madrid a los que seamos llamadas.
  • ·        La participación activa de la comunidad Entre Mamás con más ofertas de debates y encuentros on line para Madrid, España y Latinoamérica.
  • ·        Contribuir activamente en el movimiento vecinal de nuestro distrito, como organización en reuniones y círculos de participación ciudadana e impulsando los  proyectos y servicios existentes del barrio, con temáticas de familia, mujer, maternidad, crianza e infancia.
  • ·        Potenciar la visibilidad de estos temas en otras esferas: universidades, foros de debate, congresos, instituciones sanitarias y otros en los que solemos ser invitadas.
  • ·        Potenciar la colaboración con otras instituciones en temas de mujer, maternidad, infancia y crianza para proyectos comunes y objetivos similares.
  • ·        La formación en acompañamiento a la maternidad para fortalecer la red establecida hasta ahora, trabajar para profesionalizar la labor de la doula  y crear espacios con mujeres formadas con nosotras y comprometidas con nuestra filosofía y hacer.
  • ·        Continuar ofreciendo nuestro espacio de acompañamiento en la primera  infancia  para permitir la conciliación de las familias que confían en Entre Mamás para ello y fortalecer su participación activa en la comunidad EM. 
  • ·        Fortalecer la red de sanitarios con la que contamos para seguir ofreciendo a las familias contacto con profesionales expertos y con nuestra misma línea de trabajo.
  • ·        Consolidar nuestro convenio en el Máster de Intervención Psicosocial de la Universidad Autónoma de Madrid, por medio de nuestra oferta de prácticas. Abrir este mismo convenio a otras universidades.
  • ·        Impulsar el proyecto “emprenmamás” para fomentar el emprendimiento femenino, especialmente en lo tecnológico.


Todo esto necesita mucha concentración y energía. Trabajo de escritorio y una infraestructura diferente. Por ello, el 30 de junio será el último día que abramos el local de la Calle Mantuano 19, al que con tanto amor dimos vida para ofreceros tantas y variadas actividades.

Desde ahora y durante el mes de julio seguiremos ofreciendo apoyo y acompañamiento a través de nuestras redes, estaremos como invitadas en otros espacios (por ejemplo el 24 de mayo estaremos en el Hospital de Móstoles), realizaremos entrevistas a las familias interesadas en nuestro proyecto “mamá de día en Entre Mamás” (al que pronto cambiaremos de nombre; es una sorpresa!)  y preparando nuestra nueva casa.


Por mi parte, estaré presente en distintos espacios ofreciendo talleres de comunicación para la salud: el 23 y 25 de junio en Pamplona (LACTA 21) y del 28 al 30 de junio, en los cursos de verano de la Asociación Española de Comunicación Sanitaria en el Campus de la Universidad Carlos III. De igual manera, seguiré acompañando individualmente a las madres que me contacten durante el verano, dando forma a todo lo que se viene y disfrutando del clima que más me gusta junto a mis hijos y marido.



Me doy cuenta ahora de que esto es mucho más ambicioso de lo que soñé un día. Pero tengo claro que no quiero perder de vista aquello que fue la semilla de todo. Tengo claro qué es lo que quiero hacer, en qué quiero invertir mi tiempo y cuánto deseo ver crecer a mis hijos sin perderme de nada.  ¡La vida es tan corta!

Quiero hacer de esto algo útil y estoy convencida de que se puede trabajar desde la ética, el no intrusismo y la honestidad, sin hipotecar la calidad de lo ofrecido. Es muy duro sacar adelante todo esto sin vender mi alma a nadie.

Quiero poder sembrar el mismo espíritu en otras mujeres con el mismo sueño. Acompañar y ser acompañada.


¿Me acompañas?


Niños

Cuando nos enteramos de que habían atentado en Barcelona, mi hija mayor y yo estábamos en una zona igual de concurrida y turística, pero e...