viernes, 16 de diciembre de 2016

Cuatro


Quién me iba a decir que una nueva maternidad ocuparía mi vida. Para volver a gestar, parir, amamantar, criar y reconocerme una vez más, recomponerme, reinventarme. Saborear de nuevo el puerperio, esta vez dulce, sanador y maravilloso.


Parece que ha sido un instante, pero hace cuatro años que te tengo, bebé-luz, bebé amado. No puedo decirte, hijo mío, lo que significas en mi vida. Todas las cosas buenas que has traído con tu existencia. Cómo has puesto cada cosa en su sitio, cómo nos has dado un chute de felicidad, de serenidad, de buen rollo, de tanto amor.

Las lecciones que aprendí contigo en ese embarazo inesperado y duro... todas las puertas que abriste en mi mente y que quedan por abrir. Tu nacimiento gozoso y acompañado por quienes te amamos, aquel día en el que no te esperaba nadie.

Quiero contarte pequeño, que ya había olvidado la idea de la maternidad y entonces, llegaste. Tu llegada al mundo fue una sorpresa. Y que fue la oportunidad perfecta para comprobar lo diferente que puede ser todo cuando cuentas con apoyo. Apoyo de la familia, apoyo del mundo.

Estuve cuidada, mimada y protegida por muchas amigas-hadas que no dejaron de ofrecerme aquello con lo que contaban. Me rescataron muchas veces del infierno que suponen mis embarazos. Me abrazaron, me consolaron, rieron conmigo. Buscaron entre sus tesoros, los más bonitos, para que al nacer no te faltara de nada. Y así, comandadas por tu hermana mayor siempre pendiente del detalle, me hicieron la más grande de las fiestas jamás soñadas...

Hoy es un día de darle las gracias a esas mujeres y a todas aquellas que me han regalado tanto en los últimos once años ofreciendo sus historias. Esos testimonios y ese amor me permitieron parirte en el parto libre que todas merecemos.

Hoy es un día de dar gracias también a tus hermanas. Por lo que han dejado a su paso desde sus nacimientos, tan distintos y tan removedores en mi vida. A Valeria,  que me convirtió en madre en aquel parto tan placentero. A Sofía, precursora del terremoto que lo cambió todo.

Cuatro. Te veo pequeño todavía y puedo mirar a través de mis otras maternidades el largo camino que nos queda recorrer juntos. Tal largo y tan corto el andar. Que se escapa en un abrir y cerrar de ojos pero parece que no acaba nunca.
Porque no queda ya casi ningún rastro de mi bebito... has crecido y te has convertido en un niño. Saltas y juegas, hablas y parloteas... no conoces el peligro y allí estoy yo, cerrando cada ventana; vigilando cerca pero lejos, tus pasos... cual ángel guardián perenne que somos las madres. Estás aquí, llenando todo de luz, de risas. Llenando mi vida de últimas veces, como dice mi amiga Bei.

Brindo por estos cuatro años y ese volver a empezar que me has regalado. ¡¡Menudo regalo!! Lo estoy saboreando tranquilamente... cada momento, disfrutando lentamente del instante.  Porque con tu nacimiento por fin pude entender qué es lo que en realidad importa de la vida.
Porque ahora sé que no eres mío y que es un privilegio cuidarte y verte crecer. Porque has supuesto una oportunidad y me he cogido a ella con toda el alma.

Feliz cumpleaños mi vida.

Te quiero.

Mamá.


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